25/04/2026
Hace unos días la tormenta dejó sin luz el vecindario.
La otra noche recorriendo esas calles a oscuras, con el corazón latiendo fuerte y las alertas encendidas, aprovechando las pocas luces de otros pasajeros de la noche para mirar lejos y caminar rapidito, un auto se acercó de atrás a ritmo lento y me prestó su luz para llegar a mi calle.
De la ventanilla de atrás salió una voz muy dulce, y con sorpresa escuché:
"amamos tus pantalones, necesitamos más!"
No pude ver quién era, no reconocí el auto ni la voz... pero, gracias por el calorcito, por la luz y por la sonrisa con que llegué a casa.
Casi todos los cupos de Abrigos con Alas quedaron cubiertos! Gracias también por eso.
Un placer hacer parte de la vida y las aventuras de esas niñeces.
PD.: Esta es una historia verídica, cosas que pasan en la barriada.
La rama sigue caída y pronto será leña para este invierno. La luz en la calle ya fue reparada.
La ropa fue lavada y colgada repetidas veces, la humedad es insoportable. Lo que impacta un gesto en la vida de los otros es cosa de locos. Viva los que hacen el bien sin mirar a quién. Viva la vecindad y la gente buena.